El entorno

El puente romano de Madrigal de la Vera / Thinkstock

Al nordeste de la provincia de Cáceres, en las estribaciones de la Sierra de Gredos y paralela al río Tiétar, se extiende La Vera, un territorio privilegiado donde el agua adquiere un protagonismo absoluto, florecen frutas subtropicales y comparten territorio el águila, el mirlo, el martín pescador o la nutria. Es también el retiro que el emperador Carlos I de España y V Alemania eligió para pasar el último tramo de su vida a mediados del siglo XVI.

Un microclima benévolo permite que la naturaleza en La Vera esté en continua eclosión. La nieve permanece en Gredos durante varios meses al año, pero las temperaturas son suaves en invierno, la montaña se interpone para cortar el paso a los fríos vientos del norte; los veranos son frescos por la cercanía de la sierra, la abundante vegetación y el agua, porque La Vera es probablemente la comarca con más gargantas de la Península, se cuentan hasta 47. El Tiétar es la columna hídrica que atraviesa la zona hasta desembocar en el Tajo.

Rapel en el barranco Gargantón

El agua, que baja con fuerza de las montañas, ha ido labrando gargantas, pozas cristalinas y piscinas naturales. Como la garganta de Alardos, en Madrigal de la Vera, con un estrechamiento rocoso para tomar el mejor de los baños; las pozas que deja a su paso la garganta de Cuartos, cercana a Robledillo, con aguas transparentes, muy concurridas en verano; la piscina natural que conforma la garganta de Gualtaminos, en Villanueva, con la cascada del Diablo (un salto de más de 60 metros con magníficas vistas al valle del Tiétar); o la garganta de Jaranda, en Jarandilla, en un paraje único de donde parten varias rutas para hacer senderismo… Y como fondo, imponentes y siempre vigilantes, las cumbres de Gredos coronadas por el Almanzor.

El paisaje de La Vera invita a ser explorado. Sus pequeñas poblaciones están repletas de interés histórico, sus rincones naturales ofrecen la belleza reposada de un paraje excepcional, los puentes, romanos o medievales, salpican esta comarca.

Villanueva de la Vera ha sido declarada Conjunto Histórico de Interés Cultural. La garganta de Gualtamino (“garganta que no se seca” en árabe) en la que se encuentra la cascada conocida como Chorrera del Diablo es uno de los rincones naturales más destacados de Villanueva de la Vera, es considerada como una de las mejores cascadas de España para ver el espectáculo del deshielo. Además Villanueva tiene una forma muy peculiar de celebrar el carnaval, con la fiesta del Pero Palo.

Esta localidad goza de una situación geográfica envidiable en cuanto a naturaleza se refiere, rodeada de gargantas y montañas. Abundan las piscinas y oquedades naturales formadas por la erosión fluvial. Es un paraje casi mágico para refrescarse en verano y pasear en invierno. Lo mismo que en otros pueblos vecinos serranos, conserva su característica arquitectura popular.

 

Es una de las cinco villas de la zona declaradas Conjunto Histórico Artístico por sus cascos urbanos, representativos de las construcciones veratas: casas medievales con balcones, de adobe, piedra y madera que mantienen su estructura original.

Cuacos de Yuste también esconde sorpresas como una curiosa plaza semicircular porticada con varias construcciones típicas, como la casa Jeromín, donde vivió Juan de Austria, hijo bastardo del emperador, al cual conoció durante la estancia de este último en Yuste.

Juan de Austria no fue admitido como miembro de la familia real hasta la llegada de su padre a La Vera. Allí, en sus últimos días, el emperador dejó escrito a su hijo Felipe II que se le reconociera como hijo suyo.

El Monasterio de Yuste

El monasterio de Yuste se encuentra a las afueras de Cuacos. Es el monumento religioso más representativo de la comarca y uno de los más relevantes de la región. El monarca más poderoso de la época decidió retirarse aquí, donde pasaría los dos últimos años de su vida. Murió el 21 de septiembre de 1558, y en Yuste estuvo enterrado hasta su traslada a San Lorenzo de El Escorial, en Madrid, por deseo expreso de Felipe II.

Lugar de retiro y oración, el monasterio se encuentra en un entorno natural de gran belleza. Fue fundado a principios del siglo XV por ermitaños llegados de Plasencia. Las obras de ampliación y acondicionamiento se llevaron a cabo para acoger al emperador y a las 50 personas de su séquito personal que le acompañaban.

La historia posterior del edificio pasa por distintos avatares: fue incendiado por los franceses durante la Guerra de la Independencia; después, con la desamortización de Mendizábal, fue abandonado y quedó en estado ruinoso hasta que, en 1949, se acometió su reconstrucción, tratando de respetar los planos originales. Quedó básicamente como lo vemos hoy. Es sede de la Academia Europea de Yuste, integrada por personalidades europeas de prestigio.

De abril a septiembre, está abierto de 10.00 a 20.00 horas; de octubre a marzo, de 10.00 a 18.00 horas.
Al lado del monasterio, una curiosidad: el cementerio alemán, donde reposan los restos de soldados, aviadores y marinos alemanes de las dos guerras mundiales que llegaron a las costas y tierras españolas debido a naufragios o al derribo de sus aviones. El Gobierno alemán decidió reunir en un único lugar los cuerpos de los soldados alemanes repartidos por España. Y eligió este. Se inauguró en 1983.

El Pimentón de La Vera

 Un pimentón con D.O.

Siempre presente, uno de los productos típicos de La Vera es el pimentón, representativo por excelencia y aderezo de muchísimos platos típicos, como las migas y la caldereta veratas, entre otros muchos.

El pimiento, del que se hace el pimentón, procede de Perú-Bolivia. Las primeras noticias sobre este cultivo en la provincia de Cáceres datan de finales del siglo XV. Se inició en el monasterio de Guadalupe, desde donde pasó al de Yuste. El cultivo se asentó definitivamente a mediados del siglo XVIII, en pequeños bancales en la margen derecha del Tiétar, en los llamados linares. En el siglo XIX, La Vera era ya una importante zona productora de pimentón, un cultivo que revolucionó la comarca. En 1998 consiguió la denominación de origen. No podemos dejar de comprarlo en cualquiera de los pueblos de la zona.

En la gastronomía de La Vera destacan las carnes: corderos, cabritos, cochinillos, perdices, conejos…, sin olvidar los excelentes quesos de cabra y de oveja.